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Terra
La Coctelera

sin título

José Ángel y sus coches...

Sin comentarios (más que nada porque el arte, a veces, no necesita palabras).

José Ángel tiene 13 años.

Yo y María Jesús

"Las clases me parecen muy "guais" porque aprendes muchas cosas como por ejemplo los números, también puedes jugar en el ordenador aprendiendo muchas cosas".

Carlitos tiene 9 años recién cumplidos (el día 17 de enero)

El Paraíso

Cristina (alias Mari Cris) tiene 13 años.

El Paraíso es un sueño que para mí es imposible de alcanzar. Allí todo es muy bonito y se respira mucha paz. Hay mucha gente y visten con colores pastel, de azul, rosa, amarillo, verde...
Es como el cielo, hay muchas nubes rosa pálido y blancas y en ellas la gente camina, se echan, se sientan y son muy cómodas, si las pruebas, saben a azúcar...
No existen las fábricas ni ningún objeto que pueda contaminar. Hay muchísimos árboles, flores, de muchas especies, también hay muchos animales exóticos de colores llamativos.
Siempre hay la misma temperatura y están en un ambiente muy idóneo para el descanso, el sosiego y la paz.
La gente vive en casas pequeñas, redondas, acogedoras y tiene sabor a caramelo. Sus ventanas son pequeñas pero está a la altura justa para poder mirar a través de ellas sin hacer ninguna postura incómoda.
Todo está construido de forma que pueden convivir edificios, naturaleza y personas con una armonía y una paz grandiosa.
No existen las palabras feas y malsonantes, ni tampoco la delincuencia.
No hay pobres ni ricos. La gente no pasa hambre porque todo el mundo comparte lo que tiene, aunque realmente las posesiones no existen. La gente no tiene necesidad de discutir ni de hacer guerras.

Préstame tus ojos

Un día de verano que hacía mucho calor, iba por Zamora, cuando me puse delante del semáforo y vi un chico muy guapo al otro lado del paso de peatones. De repente se pone en verde el paso de peatones y el chico da el primer paso para adelante y yo al verlo me dirijo hacia él.
Cuando estaba andando por el paso de peatones, miré hacia el suelo y veo un agujero pequeño y miro hacia arriba y veo a ese chico que llevaba los ojos medio cerrados, vuelvo a mirar al suelo y veo dentro del agujero un palo blanco metido en él, y veo que el chico empieza a medio caerse y yo me impulsé a levantarlo. Lo levanto y me doy cuenta de que es ciego, le ayudo a que vaya a la otra acera. Cuando estábamos allí, me dice:
- Muchas gracias, eres una de las pocas personas que ayudan a la gente ciega...
Y yo le respondí que no me había costado nada. Al lado había un banco y le dije que se sentara conmigo y así nos recuperábamos del susto y él contestó afirmativamente.
Cuando nos sentamos, empezamos a hablar de cada uno de nosotros. Después de mucho rato hablando, me di cuenta de que necesitaba desahogarse con alguien de lo mal que se sentía siendo ciego. Así que decidí que podíamos quedar más días, se lo propuse y aceptó, y me dio las gracias por compartir esa tarde con él.
Así que quedamos dos días a la semana y yo me puse muy contenta al pensar que podía ayudarle. Y al día siguiente, cuando quedamos, estuvimos hablando y luego me dijo:
- ¿Te puedo pedir un favor?
Y yo le dije que sí que, para eso estamos los amigos y me dijo... “préstame tus ojos”... y sin que me diera cuenta, se me saltaron las lágrimas, y le di un abrazo muy grande, y él me dijo:
- Gracias, lo necesitaba...
Y los dos nos empezamos a reír...
A partir de esos días me di cuenta de que tengo que dar gracias por todo lo que tengo... Nos hicimos tan amigos que ahora somos marido y mujer.

Mari Cris.